No, no pasa nada si el amor no es perfecto, siempre y cuando sea honesto.
Canción “La de la mala suerte” ~ Jesse y Joy
No, no pasa nada si el amor no es perfecto, siempre y cuando sea honesto.
Canción “La de la mala suerte” ~ Jesse y Joy
Después de mucho tiempo, he decidido retomar mi escritura. Lo haré convirtiendo imágenes en cuentos y relatos, basándome en creaciones gráficas para componer historias originales, sólo por la pasión de hacerlo, sólo porque extraño escribir. Este será el primero de muchos, ojalá les guste.
Canción recomendada para leer:
Ya no había razón para seguir cargándolas. Se habían convertido en un peso manchado en dolor, odio y muerte, mucha muerte. Las clavó al suelo y se marchó sin mirar atrás.
El campo y toda su extensión eran una explosión de tonalidades verdes adornadas por flores violetas y rosadas que hacían juego con el traje color sangre que cubría de pies a cabeza al hombre. Las únicas cosas que no hacían juego con la indudable belleza del paisaje que lo rodeaba eran las espadas gemelas que había abandonado tras él, las piezas de armadura que cubrían sus manos, antebrazos y hombros y, por sobre todo, su rostro; un rostro perdido en pensamientos de tristeza, culpa y honor destruido.
Una brisa inesperada elevó cientos de pétalos multicolor a su alrededor; escuchó el sonido de aves alzando el vuelo y al viento susurrar secretos a oídos de la naturaleza. Por alguna razón, esto lo hizo feliz. Los sonidos lo llevaron hacia atrás, hacia un pasado donde la muerte era sólo un cuento de terror, donde el dolor era algo desconocido y la sangre era sólo causada por accidentes en los inocentes juegos que él y Tyra compartían en su niñez y juventud.
Oh, Tyra, esa hermosa mujer de cabellos oscuros y mirada esmeralda, cuánto amor había logrado despertar en el corazón del hombre era imposible de calcular, incluso para él que ahora caminaba sintiendo que había cumplido con su deber, que había puesto fin a una historia que durante años lo había atormentado en sueños que lo hacían recordar la noche en que todo cambió, en que el verde dejó de ser verde y se convirtió en una mancha rojiza en medio de ese campo que hoy era invadido por los pétalos y flores violeta.

Era una noche como cualquier otra, la cabeza de Tyra se apoyaba en su pecho mientras, acostados sobre la hierba, hablaban sobre la belleza de las estrellas y la inmensidad del cielo. Excusas para estar juntos, excusas para amarse donde nadie podía verlos, donde sólo existían ellos y la brisa nocturna, donde sólo los besos y las caricias podían interrumpir el silencio de un amor puro y poderoso. Pero algo o más bien, alguien, destruiría esa ilusión perfecta, alguien los haría sentarse y agudizar la vista para ver quién se acercaba, Tyra llamaría en voz alta pensando que podía ser su padre, pero no, no lo era.
La oscura silueta respondería al llamado, pero no con palabras ni con gestos. En una reacción tan veloz como la de un felino, correría hacia ellos y sin necesitar más tiempo que unos segundos, desenfundaría dos espadas gemelas unidas con una cadena con las que atravesaría el corazón de la mujer y el pecho del hombre, manchando el verde con rojo, marcando el punto final en la historia de un amor joven y dando paso a una era llena de venganza, mentiras, sangre y muerte, mucha muerte.
La silueta se marcharía, así como también lo haría la noche y el último aliento de Tyra sobre el césped que alguna vez fue el escenario del amor. Pero no él. Él no recibió el regalo de dormir eternamente junto a su amada, sus ojos se abrieron y el dolor lo hizo gritar, escupir sangre e intentar pararse. Vio los ojos verdes de su amor inerte y desesperó, trató de hablarle, la besó y acarició, pero ya no había regreso del toque que la muerte, ya no había vida en su mirada, no había sonido en su corazón.
Ese fue el comienzo de una historia de venganza que hoy llegaba a su fin, después de años de lucha y búsqueda, después de décadas de culpa y tristeza, las mismas espadas gemelas que habían acabado con la vida de Tyra, habían eliminado a los culpables y ahora, descansarían sobre el lugar donde, eternamente, dormiría el recuerdo de un amor imposible de olvidar.
El hombre siguió su camino sin mirar atrás, sonriendo porque, al fin, podría descansar.
Créditos de la imagen: ChaoyuanXu DeviantArt
Muy pocas veces la vida me ha hecho sentir que algo debía ocurrir, que algo en el camino hacia mi futuro estaba ubicado para chocar de forma inevitable conmigo. Pocas veces he visto de forma clara un objetivo ante mis ojos con la seguridad de que no hay nada más que deba alcanzar, nada más por lo que deba luchar. Puedo contar con una mano las ocasiones en que mi corazón me ha asegurado que lo que hago es correcto, que lo que tengo frente a mi es parte de mi alma, de mi ser.
Nada ni nadie nos puede decir que esto será lo último que viviremos, que esta será la última y más hermosa parada de nuestras vidas. Ojalá pudiese asegurarte que nuestro futuro está decidido y que estaremos juntos hasta el último respiro de nuestra existencia, qué no daría por darte esa certeza, por entregarte ese porvenir, pero no puedo decirte eso, nadie puede. Sí puedo decir que no hay nada más verdadero en este corazón que palpita incansable por ti, no hay nada más cierto que decir que tú eres una de esas pocas veces, eres lo que es correcto, parte de mi alma, parte de mi ser, eres mi verdad y mi único objetivo.
Tenemos nuestras diferencias, lo sé, y sería un sínico al negar que hemos tenido momentos que desearíamos eliminar. Pero las diferencias están ahí para hacernos chocar y aprender, entendernos el uno al otro, descubrir lo que realmente significa escuchar a alguien, sentir a esa persona y ponerse en su cuerpo, en sus sentimientos, en su realidad, más allá de lo que cada uno de nosotros podamos pensar como individuos. Mucho he aprendido de ti, más de lo que imaginas y sé que mucho más me queda por descubrir, que eres una incansable fuente de vivencias y aprendizajes, un tesoro único en su esencia, una persona que día a día, pese a todo, lo único que logra es hacerme sonreír, hacerme sentir vivo, hacerme sentir que jamás había tomado una mejor decisión que haber luchado por ti, por nosotros, por esto.
Muy pocas veces la vida me ha regalado algo sin pedir nada a cambio, y te aseguro que, sin importar lo mucho que nos cueste, sin importar la cantidad de obstáculos que debamos superar, jamás, hasta el día en que haya que decir adiós, me cansaré de luchar por ti, por este amor y todo lo que me haces sentir, nunca me cansaré de luchar por esa persona que con un solo beso le devolvió la vida a alguien que, sin darse cuenta, había olvidado lo que realmente era amar.
~Ruslan
Dedicado a: Francisca González
Ahora caminas por pasillos que alguna vez estuvieron llenos con su voz, con su risa y su calor,
caminas y sientes el peso de la soledad, el peso de los años que se fueron y de aquellos que para ella no llegarán,
caminas tocando las paredes que por años cobijaron ese amor especial que sólo una madre puede entregar,
el corazón se te acelera con la tristeza, con el recuerdo, con la impotencia.
Maldices la vida y su injusticia, maldices las discusiones, las peleas y palabras dañinas,
maldices todo lo que no pudiste hacer, maldices no haber podido dar más, no haber hecho algo mejor,
maldices el dolor que te rodea, la pena que te hace sentir débil, la rabia que te hace odiar al mundo,
pero calma…, no maldigas más, todo va a estar bien.
Ella sigue ahí, aunque no la puedas ver, ella está y estará siempre junto a ti,
amándote, agradeciendo todo lo que hiciste y aquello que quisiste pero no pudiste hacer,
abrazándote cuando las memorias te hagan caer, ayudándote a andar una vez más,
entregándote las fuerzas para seguir viviendo, no por ella, ni por alguien más, sino que por ti.
Vive tranquilo, amigo mío, pues un adiós no marca el final, mucho menos este.
Este adiós marca el comienzo de una nueva vida, tanto para ti como para tu madre,
marca el inicio de un futuro incierto donde tus acciones irán siempre guiadas por una mano invisible,
por un cariño que te seguirá por el resto de la vida, por ese amor imposible de imitar,
por el recuerdo, el calor y la sonrisa de aquella que tuvo el honor y la dicha de ser tu madre.
Dedicado a Eddie
Fuiste todo lo que alguna vez quise, todo lo que alguna vez deseé. Te necesité tanto como mis pulmones necesitaron el aire para decir que te amaban. Entregué mi corazón, mi alma, lo mejor de mi, pero mientras más tiempo transcurrió y más cerca de ti me sentí, más ciego me volví. Hoy llego a ti rogando por cariño, llorando por amor, cuando antes eras tú quien buscaba entregarlo sin necesidad de una petición, sin necesidad de una discusión.
Quiero volver a soñar con un nuevo día en el que alguien sostenga mi mano y me diga “te amo” con sinceridad, quiero volver a sentir ese amor con el que alguna vez me sentí feliz. Quiero volver a soñar con un futuro al lado de alguien a quien amar, con la fantasía de ver a esa persona despertar a mi lado y sonreír, quiero volver a soñar con el calor de una felicidad compartida.
Pero no importa cuanto haga, ni cuanto diga, no importa cuantas lágrimas derrame pidiéndote que vuelvas a ser lo que fuiste, el futuro que alguna vez creí ya no está aquí, ya no está junto a ti…
Y no imaginas lo difícil que es la decisión que debo tomar, mi estómago se aprieta y mi corazón se acelera, no como alguna vez lo hizo de felicidad, ahora es el reflejo del temor, del miedo a dejarte ir, pero debo hacerlo… abrí los ojos y pude ver la verdad antes de ser atrapado por la oscuridad, es mi futuro el que busco, es mi felicidad… esa que alguna vez vi reflejada en ti, esa que alguna vez con un simple “te amo” podías hacerme sentir, esa por la que hoy tengo que rogar y luchar, cuando simplemente la debería disfrutar.
Todos esas horas juntos, todos esos días compartidos, esos meses de amor y años de pasión, todo fue verdad, una verdad que jamás podré negar, una realidad que por siempre vivirá en un rincón de mi corazón… nuestro amor fue real, único.
Entonces no pienses que para mi esto es fácil, que simplemente daré vuelta una página y seguiré sin mirar atrás, no… no hay nada más difícil que admitir que, con el dolor de mi alma, estaré mejor sin ti. No porque quiera, sino porque lo necesito. Nos perdimos en la ilusión, volvimos nuestro amor en una costumbre que lentamente nos comenzó a hundir, lentamente nos comenzó a ahogar…
Sufrir es lo que me queda por ahora, porque no importa cómo o quién tome la decisión final, el dolor vendrá como una cuchilla en el pecho, como un vacío en el alma, como una mitad faltante… vendrá como la necesidad de volver a hablarte, de volver a sentirte, pero tendré que soportarlo… ya que es el único camino a la paz, el único camino que después de recorrerlo, me dejará volver a vivir, no por ti, ni por ellos, sino por mi.
Tu olor me despertó. Mis ojos se abrieron con pesar encontrándose con tu rostro, una mirada extrañamente conocida me observaba con interés, sonreías. Tu felicidad rápidamente se volvió mía y devolví la sonrisa, había algo nuevo ahí, algo distinto, algo único, algo que por alguna razón sentía conocer a la perfección.
Me puse de espaldas sobre la cama, apoyando mi cabeza en una desordenada almohada. Bostecé y te reíste de mi cansancio, lo encontrabas tierno, chistoso, entretenido. Dijiste algo que no pude comprender, aún sonriendo apoyaste tu cabeza sobre mi pecho. Tu respiración se sincronizó con la mía, no había ningún sonido alrededor, nada que interrumpiera la escena que tomaba lugar en una habitación vagamente iluminada.
Vi nacer del silencio una perfecta armonía en una melodía inaudible, los violines acariciaban sus cuerdas soltando notas tristes, calmadas, nostálgicas; las flautas silbaban con pasión atravesando el aire, mientras que la percusión provocaba una emoción en mi corazón imposible de controlar, estaba más allá de mi control, más allá de lo que podía o no querer, era algo natural, algo sencillo, algo único que a partir del vacío había creado un camino hacia lo nuevo, hacia lo inexplorado.
Acaricié tu cabello dejándome llevar por el aroma que éste desprendía, un olor dulce, característico, relajante, puro. Pasé mi mano por tu rostro y noté que ahora eras tú quien dormía, una paz infinita sentí salir de tu cuerpo, una calidez inexplicable me envolvió en un tibio fuego que me ayudó a regresar al mundo de los sueños. Mis párpados cayeron nuevamente y la habitación desapareció, nada más que un color negro reinaba en mi nueva realidad, nada más que oscuridad, nada más que sombras. Me asusté.
Mis ojos se abrieron ante la desesperación, sólo para encontrarse con más oscuridad, no había calor, no estabas tú, no habían melodías, ni violines, ni flautas, solo estaba yo y la oscuridad que me rodeaba, sólo yo y la sensación de despertar, pesada y desagradable invadiendo mi rostro. Me senté y miré mis manos, esta era la realidad, esta era la verdad, esto era yo.
Irónicamente, sonreí.
Sonreí porque supe que todo había sido un buen sueño, porque todo había sido simplemente el deseo de volver a sentir esa calidez que el cariño entrega, sonreí porque me sentí estúpido, patético, pero también sonreí porque pese a que todo fue una simple fantasía, supe que algún día, tarde o temprano, tu calor llegaría a mi, tarde o temprano, tendría una nueva oportunidad de amar y hacerte sentir amada.