Memoria Numero

Un adiós no marca el final

Ahora caminas por pasillos que alguna vez estuvieron llenos con su voz, con su risa y su calor,
caminas y sientes el peso de la soledad, el peso de los años que se fueron y de aquellos que para ella no llegarán,
caminas tocando las paredes que por años cobijaron ese amor especial que sólo una madre puede entregar,
el corazón se te acelera con la tristeza, con el recuerdo, con la impotencia.

Maldices la vida y su injusticia, maldices las discusiones, las peleas y palabras dañinas,
maldices todo lo que no pudiste hacer, maldices no haber podido dar más, no haber hecho algo mejor,
maldices el dolor que te rodea, la pena que te hace sentir débil, la rabia que te hace odiar al mundo,
pero calma…, no maldigas más, todo va a estar bien.

Ella sigue ahí, aunque no la puedas ver, ella está y estará siempre junto a ti,
amándote, agradeciendo todo lo que hiciste y aquello que quisiste pero no pudiste hacer,
abrazándote cuando las memorias te hagan caer, ayudándote a andar una vez más,
entregándote las fuerzas para seguir viviendo, no por ella, ni por alguien más, sino que por ti.

Vive tranquilo, amigo mío, pues un adiós no marca el final, mucho menos este.
Este adiós marca el comienzo de una nueva vida, tanto para ti como para tu madre,
marca el inicio de un futuro incierto donde tus acciones irán siempre guiadas por una mano invisible,
por un cariño que te seguirá por el resto de la vida, por ese amor imposible de imitar,
por el recuerdo, el calor y la sonrisa de aquella que tuvo el honor y la dicha de ser tu madre.

Dedicado a Eddie

 

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